LA SOSPECHOSA ULTIMA BORRACHERA DE SOCRATON, EL PARTERO DE ALMAS.

Tarso: ¿Estuviste, tú, Apolonio, con Socratón el día aquel que bebió de más cuando la festividad del dios del vino o se lo has oído contar a otro?
Apolonio: Estuve yo personalmente Tarso y doy fe del vómito en mi alfombra persa, recién llegada de Babilonia.
Tarso: ¿Y que es lo que dijo antes de empinar el codo? Con gusto te lo oiría contar porque ningún ciudadano de la Acrópolis ha sido capaz de darnos noticias ciertas...
Apolonio: Intentaré constároslo Tarso, pues evocar la mamuna que se agarro Socratón, es siempre para mí, la cosa más desagradable de todas las que he pasado en mi vida.
Tarso: Pues bien Apolonio, ea, intenta exponernos todo con la mayor precisión que puedas.
Apolonio: Voy a intentar exponerte todo minuciosamente desde un principio. Entrada la noche tarde, al dormir el gallo del Partenón, hizo su entrada Socratón, vistiendo túnica doria. Cantaba odas a nuestro amado Zeus y recuerdo la estrofa de dicho canto; "...esta noche por lo visto que bonito que se prestaaa...", vociferaba Socratón. Su actitud extraña e indecorosa terminó por revelarse cuando los discípulos nuevamente le preguntaron por la preexistencia del alma, lo cual Socratón les respondió. "Otra vez rompiendo las pelotas Uds. con las mismas boludeces de siempre... ¿Será posible? ¿Será de dios?".
Tarso: ¿Y que sucedió luego estimado Apolonio?
Apolonio: Nuestro amado Socratón comenzó a beber a diestra y siniestra, en tinajas del buen vino cosechado en los campos Elíseos. Más no tardó mucho en volver su estado calamitoso. En vista de ello, acudimos a ayudarlo porque ya no podía estar en pie. Y fue en aquella ocasión que comenzó a blasfemar y dijo aquello que aún perdura en nuestros oídos: ¡Escucháis Uds. gilipollas del Ática, la próxima vez que me deis cicuta por vid, se arrepentirán por siglos de haberlo hecho".
Tarso: ¿A qué se refería?
Apolonio: No lo sé mi buen Tarso. Solo sé que sus últimas palabras fueron: "¡Esta noche me mamo bien mamao para no pensar!" y dicho esto, bebió de la copa y expiró.
(Extraido del libro; "Socratón, que grande sos". Editorial Admusen, 1945.)
